| dc.description.abstract | La escolarización masiva moderna fue concebida, diseñada y construida
en varios países del mundo durante los siglos xvii y xviii, e
implantada en los siglos xviii y xix en toda Europa y el mundo.
Contrariamente a lo que a veces se cree, desde el principio las escuelas
han sido un artefacto de las élites de los nuevos Estados
nacionales modernos para (re)producir las desigualdades existentes.
Así, tanto en España como en toda Europa, las escuelas
comenzaron siendo instituciones para mantener y reafirmar el
statu quo existente: uno de enorme desigualdad entre una minoría
burguesa, aristocrática y religiosa y la inmensa mayoría de la
población, mayoritariamente campesina, artesana y ganadera
(Pontón, 2017). Incluso los miembros más destacados de la Revolución
Francesa veían en la escuela una herramienta para mantener
las desigualdades que el orden social «natural» había establecido
a lo largo de los siglos.
Así, cuando se quiere entender por qué es tan difícil construir
escuelas inclusivas; si se quiere comprender por qué quienes están
a favor de la equidad educativa y la justicia social tienen
siempre la sensación de remar contra corriente; si se quiere entender
por qué tantas iniciativas positivas de inclusión en las escuelas
se agotan o terminan por no ser inclusivas, muchas veces sin saber cómo ni por qué, es fundamental reconocer que desde
hace unos doscientos años contamos con una herramienta de
socialización de niños y jóvenes que incluye como parte inextricable
de su ADN la (re)producción de desigualdades, exclusión
y segregación (Ball, 2013; Ball y Collet, 2022). Precisamente por
este sesgo inicial de la escuela y del sistema educativo hacia la
desigualdad y la exclusión, pocas décadas después de su implantación
en diversos países de Europa y del mundo, y especialmente
en la segunda mitad del siglo xix, surgieron varios intentos de
reformar la escuela en términos más equitativos y justos.
La lucha por una escuela inclusiva tiene, así, una larga historia
en España y en toda Europa de más de ciento cincuenta años. Un
ejemplo son las asociaciones obreras escolares-culturales, que estaban
abiertas a los niños, jóvenes y sus familias con el fin de
proporcionar una cultura global y que eran muy diferentes de la
escolarización masiva de los Estados nación que los trabajadores
consideraban un ente burgués y contrario a sus intereses de clase.
También estaban los esfuerzos de la Institución Libre de Enseñanza,
que luchaba, al igual que las asociaciones escolares-culturales
obreras, por extender la escolarización a todos los niños
y transformar la vida escolar en una experiencia positiva, en
una época en la que la escuela estaba muy marcada por la disciplina,
el castigo físico y psicológico y la desigualdad y la segregación.
Además, a principios del siglo xx estaba la escuela moderna
de Francesc Ferrer i Guàrdia, que, en contra de la gramática profunda
de los sistemas educativos de la época (Tyack y Tobin,
1994), pretendía crear una dinámica escolar inclusiva y mixta
entre géneros y clases sociales.
sin saber cómo ni por qué, es fundamental reconocer que desde
hace unos doscientos años contamos con una herramienta de
socialización de niños y jóvenes que incluye como parte inextricable
de su ADN la (re)producción de desigualdades, exclusión
y segregación (Ball, 2013; Ball y Collet, 2022). Precisamente por
este sesgo inicial de la escuela y del sistema educativo hacia la
desigualdad y la exclusión, pocas décadas después de su implantación
en diversos países de Europa y del mundo, y especialmente
en la segunda mitad del siglo xix, surgieron varios intentos de
reformar la escuela en términos más equitativos y justos.
La lucha por una escuela inclusiva tiene, así, una larga historia
en España y en toda Europa de más de ciento cincuenta años. Un
ejemplo son las asociaciones obreras escolares-culturales, que estaban
abiertas a los niños, jóvenes y sus familias con el fin de
proporcionar una cultura global y que eran muy diferentes de la
escolarización masiva de los Estados nación que los trabajadores
consideraban un ente burgués y contrario a sus intereses de clase.
También estaban los esfuerzos de la Institución Libre de Enseñanza,
que luchaba, al igual que las asociaciones escolares-culturales
obreras, por extender la escolarización a todos los niños
y transformar la vida escolar en una experiencia positiva, en
una época en la que la escuela estaba muy marcada por la disciplina,
el castigo físico y psicológico y la desigualdad y la segregación.
Además, a principios del siglo xx estaba la escuela moderna
de Francesc Ferrer i Guàrdia, que, en contra de la gramática profunda
de los sistemas educativos de la época (Tyack y Tobin,
1994), pretendía crear una dinámica escolar inclusiva y mixta
entre géneros y clases sociales. | ca |